Violencia es mentir

El pasado 26 de junio se cumplieron siete años de la “Masacre de Avellaneda”, donde la policía bonaerense respondió con una brutal represión hacia los piqueteros que reclamaban aumento salarial, asesinando a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.
Es importante analizar la lectura social y política de este hecho que fue de gran impacto por las características e incógnitas que presenta. El contexto del país por esos momentos era apocalíptico: caída del gobierno de De La Rúa, asunción de Eduardo Duhalde como presidente mediante la Ley de Acefalía, devaluación de la moneda nacional, tres millones de desocupados, aumento de la canasta familiar y niveles de pobreza nunca vistos.
Frente a esta situación, los movimientos sociales empezaron a cobrar un mayor protagonismo y los piquetes estaban presentes casi todos los días. La realidad es que un piquete significaba mucho más que eso, era la forma que tenían los trabajadores de pedir y exigir lo que les corresponde: vivir dignamente. Aquel 26 de junio, se planeó cortar el Puente Pueyrredón como forma de protesta, pero en el lugar se llevó a cabo un gran despliegue de las fuerzas de seguridad que no escatimaron en reprimir de una manera desmedida. Primero con balas de goma, gases lacrimógenos y más tarde con balas de plomo. El resultado fueron dos muertos y decenas de heridos que nada pudieron hacer para defenderse ante esa respuesta totalmente fuera de término.
De todas maneras, culpar solamente a la policía es casi una actitud infantil, ya que las fuerzas de seguridad son simplemente la mano que ejecuta las acciones de un aparato mucho más complejo y aceitado que tiene los recursos materiales y otorga el “honor social”. Quizás la acción de este aparato se vea reflejada en el sospechoso llamado de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) que recibió el comisario Alfredo Fanchiotti, minutos antes de asesinar a uno de los piqueteros.
La función del Estado al reprimir debería ser la de dispersar a los manifestantes pero jamás debe matar. Según Max Weber, existen tres legitimaciones del dominio que hacen que los hombres obedezcan: la primera es la costumbre de validez y orientación habitual a someterse, la segunda es por el cumplimiento de las obligaciones estatuídas y la tercera y más importante es la confianza hacia el gobernante, los hombres lo obedecen porque creen en él. De este modo, una conclusión puede ser que esa gran violencia física utilizada en contra de la protesta ocultaba un debilitamiento en el consenso y la legitimidad de un gobierno que no fue elegido por el pueblo. Es que cuando alguna de las tres legitimaciones nombradas fallan, hay más riesgo de que se produzca una “rebeldía al poder”. Frente a esto, el Estado puede hacer uso de la violencia física legítima para hacer obedecer a los hombres y de hecho, eso es lo que hizo. Sin embargo, no sólo recurrió a la represión sino que además el aparato del Estado usó su poder económico e ideológico para poner de su lado a los medios de comunicación, que durante más de dos días, se dedicaron a omitir información que tenían desde un principio, poner títulos que desviaban la atención y difundir mentiras como la teoría de que los piqueteros se mataron entre ellos.
Como conclusión final, queda claro que no se está hablando de unos pocos responsables. La situación se parece más a una maquinaria llena de engranajes en donde cada uno cumple una función bien específica, de acuerdo a intereses específicos y donde el primer engranaje, que tiene el poder, le da el incentivo a los próximos para que lo ayuden en su tarea de dominar a cualquier costo. Para hacer una Argentina mejor es necesario que estos hechos no se repitan nunca más, con todo lo que la frase “nunca más” implica.

Comentarios

Mari ha dicho que…
Me gustó mucho la nota de análisis! Te quedó muy buena para mí. También me pareció genial esto: "una conclusión puede ser que esa gran violencia física utilizada en contra de la protesta ocultaba un debilitamiento en el consenso y la legitimidad de un gobierno que no fue elegido por el pueblo.", no lo había pensado.
En fin, sobre la violencia y esto de canonizar a "Santo Maxi y Santo Darío" que encontras en varias páginas de internet... obviamente es totalmente injusta la muerte de dos personas fusiladas prácticamente, y peor por ser la policía autora de ésta. Pero, es como un problema tipo quién vino primero, el huevo o la gallina. La policía reprime en lugar de dispersar y da con todo porque sabe que los piqueteros van "armados", o los piqueteros van armado sporque sabe que la policía le da? En fin.