Aerolineas Argentinas

Por Alejandro Spagnoli

El principio de la transformación


Durante el llamado Proceso de Reorganización Nacional, fue que se comenzó a desmantelar el Estado intervencionista y benefactor, constituido desde 1930. Se culpaba a este modelo de ser el causante del desorden social y se afirmaba, a su vez, que el mercado era más conveniente ya que premiaba la eficiencia.

De este modo, se tomaron medidas con el objetivo de “achicar el Estado”. Entre ellas, se destacaron la apertura económica y la eliminación de los mecanismos de protección a la producción local. En consecuencia, la industria nacional no podía competir con productos importados de menor precio.

A partir de 1980, los problemas financieros se agudizaron. Fue desde ese momento donde comenzaría la decadencia del gobierno militar que debió endeudarse para cubrir sus gastos. Además, se produjo un altísimo aumento de la inflación.

Con la derrota de Argentina en la guerra de Malvinas comenzó el fin del régimen militar y se materializaron los conflictos que hasta ese momento se ocultaban. Se fijó la fecha de elecciones, para fines de 1983, en donde resultó vencedor el radical Raúl Alfonsín. El peronismo había sido derrotado por primera vez en una elección nacional.

El comienzo del periodo democrático en la Argentina no fue fácil. Desde su comienzo estuvo marcado por una inestabilidad inquietante, que se agudizaría luego de las elecciones de septiembre de 1987, donde salió victorioso el peronismo renovador. Era el calentamiento para el golpe final. El gobierno de Alfonsín perdía poder y legitimidad.

Mientras tanto, se incubaba la promesa de las promesas. Un “caudillo” riojano -aunque no precisamente “El Tigre de los Llanos”- ganó la elección interna y en julio de 1988, entró al grupo de los presidenciables. Con una gran habilidad, supo formar estrategias y alianzas sólidas pero además, con sus discursos logró darle esperanza a la sociedad. A este hombre de La Rioja, lo llamaban Carlos Menem.

El radicalismo, que ya no podía disimular los manotazos de ahogado, lanzó en agosto de 1988 un nuevo plan económico, llamado “Primavera”. El objetivo de éste, era llegar a las elecciones con una inflación que pudiera controlarse. El intento fue en vano, pues los distintos actores se rehusaron a mantener el congelamiento de los precios y se resistieron a los cortes en los gastos fiscales. La inestabilidad siguió creciendo con una gran crisis en el suministro de electricidad y por si esto fuera poco, también se produjo la toma del cuartel de La Tablada.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario anunciaron que no seguirían respaldando al gobierno argentino, que se vio obligado a anunciar la devaluación del peso. El caos se desató. Los ahorros de las personas que no supieron retirarse a tiempo se escurrieron como agua entre las manos y la economía se descontroló. Los precios comenzaron a ascender increíblemente. El monstruo de la hiperinflación había despertado y arrasó con todo a su paso.

En ese contexto se llevaron a cabo las elecciones del 14 de Mayo de 1989, donde Carlos Menem obtuvo un rotundo triunfo y quedó consagrado para el puesto de presidente que debía asumir el 10 de diciembre de ese año. Sin embargo, la situación siguió empeorando y comenzaron los saqueos a supermercados. Alfonsín no tuvo más remedio que renunciar para anticipar el traspaso del gobierno que se realizó, finalmente, el 9 de julio. Empezaba el principio del cambio.

La era Menem y la privatización de Aerolíneas Argentinas


En la vorágine de la crisis desatada, Menem tuvo un acierto indubitable: supo usar el descontento social de manera que la transformación del Estado tuviera un tinte agradable para ciertos sectores. La Ley de Convertibilidad, aprobada en 1991, fue un arma de doble filo: benefició a un sector por el freno a la inflación, pero destruyó a la industria nacional. Había que reducir el gasto del Estado y para eso era necesario achicarlo y abrir la economía a la competencia internacional. Con este objetivo en la mira, se aprobaron dos leyes en el Congreso: la Ley de Emergencia Económica que suspendía subsidios, privilegios y autorizaba el despido de empleados estatales y la Ley de Reforma del Estado que exponía la necesidad de privatizar una larga lista de empresas pero delegando, a su vez, en el presidente la manera de realizarlas. Luego, el gobierno se aseguró la mayoría de miembros en la Corte Suprema y diluyó las posibilidades de fallos que le jugaran en contra de sus planes.

No había tiempo que perder. Se comenzó rápidamente con grandes privatizaciones, entre ellas, la de Aerolíneas Argentinas.

Aerolíneas Argentinas fue fundada en 1950 como resultado de la fusión de cuatro empresas. Antes de su privatización, tenía 37 aviones que fueron hipotecados luego por Iberia para poder comprarla en 1990. Fue una jugada peligrosa, debido a que venderla a una compañía que era propiedad de otro Estado (España) significaba un fuerte debilitamiento del poder de controlar el desarrollo de la privatización que era capaz de ejercer el gobierno nacional. El objetivo de las privatizaciones (en teoría) era que los españoles invirtieran para mejorar la empresa aérea, cosa que estuvo lejos de suceder.

Una vez privatizada, se tomaron nuevas medidas. En el campo económico, se suprimió la protección al transporte aéreo de cabotaje, medida que liberó la actividad a las fuerzas del mercado. Poco a poco, la empresa comenzó a reducir costos y a especializarse en mercados turísticos; medidas que claramente favorecieron al capitalismo, es decir, a las ganancias.

También, se abandonaron los tramos cortos intraeuropeos con el argumento de los grandes costos producidos en tramos de una y dos horas junto con la reducción de las tarifas.

El primer balance realizado en 1992 mostró un fuerte endeudamiento de Aerolíneas Argentinas haciendo la explotación totalmente deficitaria. Es por esto, que el Estado se comprometió a asumir un aumento del capital para que la empresa escapara de la quiebra, adquiriendo el 43% de las acciones.

Luego, en 1994 la situación volvió a empeorar y se requirió una nueva ampliación de 500 millones de pesos. Iberia se quedó con el 85% de las acciones, el Estado con el 5% y la acción de oro (derecho para decisiones trascendentales) y el personal de la empresa con el 10%. Tras este proceso, Iberia vendió edificios, sucursales nacionales, extranjeras y simuladores de vuelo, además de 28 aviones de la propiedad de Aerolíneas Argentinas.

En 1996, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que se encargaba de sanear y luego vender empresas nacionales españolas, asumió la participación de Iberia en la aerolínea.

En octubre de 1998 se cerró la venta del 10% de Aerolíneas a American Airlines, que se hizo cargo de la gestión de la empresa hasta enero de 2000.

Ya con Fernando de la Rúa como Presidente de la República Argentina, se produjo la segunda privatización en agosto del 2000, cuando la empresa estaba de nuevo en bancarrota. El 91,9% del capital estaba en manos de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales Española. En junio del 2001, Aerolíneas anunció la suspensión de pagos, ascendiendo la deuda a 1.000 millones de pesos, y unas pérdidas corrientes superiores a 350 millones de pesos.

Como consecuencia del vaciamiento, desmantelamiento y la deuda generada, la empresa entró en colapso. Se suspendieron los vuelos a siete destinos internacionales y la aerolínea entró en convocatoria de acreedores y finalmente, Air Comet-Marsans compró la empresa. Se trató de otro intento fallido, puesto que la “mala” administración continuó. Tanto que el actual presidente de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, acusó al grupo Marsans de haber “robado” bienes de la empresa durante su gestión.

En resumen, la historia de Aerolíneas Argentinas S.A es una historia de fracasos y errores. La empresa terminó vaciada y muchísimo peor que cuando era del Estado. Las razones son variadas, pero se pueden destacar algunas como el incumplimiento de las metas de inversión, el endeudamiento, la “ineficiencia” de los administradores societarios y quizás, la más importante, la ausencia de control del Estado nacional.

La reforma de la reforma


La idea de que AA volviera a manos del Estado apareció como un As escondido en la manga y se produjo un fuerte debate entre el Gobierno de Cristina Kirchner y la oposición. El oficialismo argumentaba que la reestatización garantizaría el servicio y la oposición remarcaba que reestatizar era asumir la deuda generada como propia. Superada la etapa de la discusión, el día 17 de diciembre de 2008, la Cámara de Senadores, convirtió en Ley la expropiación de Aerolíneas Argentinas, Austral Líneas Aéreas y las demás empresas del grupo, declarándolas como de "utilidad pública". Las empresas volvieron al Estado.

El grupo Marsans fue obligado a retirarse de la compañía ya que adeudaba varios millones de dólares, pero siguen siendo titulares aunque no pueden ejercer ningún derecho. Circulan versiones de que en el futuro, el Estado nacional pretende renovar la flota, cambiar logos, pintura de aviones y retomar destinos que fueron abandonados.

No obstante, el déficit de la empresa sigue siendo alarmante. Durante el pasado mes de junio, trepó a los 240 millones de pesos a causa de la gripe A. Agregando a esto las demoras y cancelaciones de vuelos, el panorama no es muy diferente de cuando la empresa era privada, pero ahora con un agravante: la deuda la tiene el Estado (es decir, todos los Argentinos). Empero, la esperanza sigue vigente. Es probable que ahora que la empresa está en manos de quien debía estar, la situación comience a regularizarse lentamente.

Espectros de Menem

La función del Estado es satisfacer las necesidades de su comunidad. A medida que la población se desarrolla, también se incrementa la cantidad de servicios que demanda. Es así como surgen las necesidades públicas absolutas que sólo pueden ser satisfechas por el Estado (justicia, seguridad y defensa) y las necesidades públicas relativas que pueden ser satisfechas por el Estado y/o el sector privado (transporte, comunicaciones).

La empresa Aerolíneas Argentinas, en efecto, brinda un servicio que puede estar en manos del sector privado. Sin embargo, es de vital importancia la presencia de un Estado fuerte y regulador. Si esto no sucede (por debilidad, corrupción, o lo que fuere), seguramente sucederá que las decisiones que se tomen serán para favorecer el bolsillo de los capitalistas a cargo y no a los ciudadanos, que tienen el derecho y la necesidad de viajar.

Si el objetivo de un empresario es ganar dinero, es evidente que suprimirá todos aquellos factores de la compañía que produzcan pérdida. Por eso, no sería extraño encontrar una aerolínea en la que haya pocos aviones, poca frecuencia horaria entre vuelo y vuelo y destinos que son abandonados por ser poco redituables. Esa es la triste historia de la privatizada Aerolíneas Argentinas.

Es necesario destacar, que el debate no gira en torno a si la empresa debía estar a cargo del Estado o no. Lo realmente importante es el control que el Estado debe ejercer para garantizar los derechos básicos de sus ciudadanos. La versión de que el aparato estatal es un mal administrador es una mentira, puesto que fue creado con el objetivo de administrar y de solucionar los problemas de los hombres. Por eso, de ahora en más, no olvidemos que es necesario vigilar y castigar... porque a veces la eficiencia no es suficiente.

Comentarios

AGUSTIN ha dicho que…
Muy buen informe!
Sólo -para aportar algo nomás, y molestar un poco-, le agregaría cuando decís que "las necesidades públicas absolutas que sólo pueden ser satisfechas por el Estado (justicia, seguridad y defensa)" y lo presentás como un número "clausus", te diría que a esa tríada podríamos agregarle la salud, la educación, la vivienda, e incluso, asegurar a todos los habitantes la mínima comida necesaria para no caer en la desnutrición.
Por último -y dejo mi perorata!!!- te recomiendo el artículo de Martín Caparrós, publicado el último viernes en Crítica, donde propone la disolución del ejército, por carecer hoy día de función o hipótesis de conflicto.
Alejandro ha dicho que…
Agustin: Por supuesto que el Estado debe garantizar todo eso! solamente que hay servicios que el Estado los concentra de manera monopolica, como lo es la justicia. Gracias por el dato de Caparros y por dejar su opinion!
Fran ha dicho que…
Muy bueno, Ale. Había escrito algo re largo y me dio error. Es todo escandaloso, no sólo con Aerolíneas sino con la Fuerza Aérea.

Saludos,

Fran.
robert ha dicho que…
te firmo franko :O