Carcel de Caseros

Me encuentro encerrado entre cuatro paredes. Una de ellas, compuesta por barrotes pero ningún grato paisaje puedo observar. Son las 3.30 de la madrugada y no dejo de pensar qué sucederá afuera, cómo soplará el viento, cómo estará la familia y otras cosas que disfrutaba en libertad.
De noche las paredes parece que apretaran, que hicieran más chica la celda. Se escuchan perros aullar, sirenas de ambulancias, bocinas de coches y los desgarradores gritos de dolor de mis compañeros, que ni la marcha militar logra disimular.
Sufro de asma y la humedad del calabozo no me hace nada bien, sumado a la falta de aire que reina en la prisión. Me gustaría leer pero no se me permite, excepto información seleccionada. Además, la luz es demasiado tenue o ni siquiera está prendida. Es tal la oscuridad que casi no distingo cuando es de día y cuando de noche.
A su vez tengo hambre. Es que no quise comer por la angustia que me ametralla desde el primer día que entré, por la pérdida de amigos que no retornarán y por las preguntas que circulan en mi mente. Es que a pesar de que me tengan encerrado no voy a dejar de pensar, de creer, de tener ideología.


El monstruo militar


La vieja cárcel de Caseros fue construida en 1870 bajo el mandato de Domingo Faustino Sarmiento y estaba ubicada en la manzana compuesta por las calles: Pichincha, Pasco, 15 de noviembre y Av. Caseros. En aquellos años funcionaba como correccional de menores
Durante la última dictadura militar en Argentina (1976 – 1983) se inauguró la Unidad Nº 1 para encausados luego de casi 20 años de construcción. El día elegido fue el 23 de abril de 1979 y el discurso de apertura estuvo a cargo de quien, en aquel entonces, era el Ministro de Justicia, el Dr. Alberto Rodríguez Varela.
La nueva prisión se construyó inspirándose en la cárcel de Alcatraz, que en 1963 fue cerrada por considerarse inhumana. La Unidad Nº 1, con 85 mil metros cuadrados cubiertos, contaba con dos torres de veintidós pisos, dos subsuelos, albergue, un comedor para 240 guardiacárceles, 1996 celdas individuales (2,30mts por 1,30mts), 1360 calabozos destinados al alojamiento permanente, 140 con puertas macizas utilizadas para el aislamiento de los reclusos. En los pisos 19 y 20 se hallaban el gimnasio, la cancha de pelota vasca, la capilla y la sala para auditórium, todos estos, en su mayoría, de uso restringido.
Esta cárcel presentada como un hotel cinco estrellas, con muchos lujos y que prometía una buena estadía, resultó ser un engaño porque los presos fueron sometidos a condiciones insalubres tales como la falta de sol, la mala alimentación, el espacio cerrado para recrearse, la constante música a alto volumen y las marchas militares buscando la irritación, las visitas a través de un vidrio evitando el contacto con familiares, la prohibición para comunicarse y la censura en la bibliografía, además de las torturas físicas que se les impartía.
Luego de 21 años de funcionamiento, el 1º de agosto de 2001 dejó la cárcel el último encausado. Hoy en día, las dos torres ya no existen y sólo quedan las ruinas de lo que fue un centro de tortura legal.



De hecho y derecho


“Los Derechos Humanos son aquellos que gozamos, por el sólo hecho de ser
personas, sin distinción social, económica, política, jurídica e ideológica”. Pero estos derechos, que surgen de la Constitución Nacional de 1853 y de los Tratados Internacionales, durante la dictadura militar de 1976 fueron sistemáticamente violados al dejarse sin efecto los textos donde se defienden.
En el documental “Caseros en la cárcel”, se muestra el discurso de inauguración brindado por el Dr. Alberto Rodríguez Varela en el cual expresa, entre otras cosas, que se consolidarán los derechos y garantías individuales y también la vigencia plena del Estado de Derecho, ocultando así el incumplimiento de lo que dicta la Constitución. Además aseguraba que en la cárcel los internos podían estudiar, trabajar, meditar, y practicar deporte sin mortificaciones adicionales que agraven innecesariamente su privación de la libertad.
Para el film prestan testimonio 18 presos políticos: A. Piccinini, A. Puigjané, C. Kunkel, E. Villanueva, F. Gutiérrez, H. Invernizzi, H. Colaone, H. Soriani, J.C. Dante Gullo, J. Mogordoy, L. Iglesias, M. Gaggero, M. Vencentini, M. Jaime, N. Rojas, P. Reyes, P. Ávalos, R. Corregidor y V. Mastrangello que detallan su estadía en la cárcel.
Un ejemplo de esos testimonios es el de Villanueva, quien cuenta que había pedido a unos familiares libros de sociología que jamás se le entregaron contradiciéndose esta acción con la posibilidad de estudiar planteada por Rodríguez Varela.
Por otra parte, si bien era vox populi la anulación de la Constitución, el Ministro hablaba de una vigencia plena del Estado de Derecho olvidando que en el artículo nº 18 se mencionaba la abolición de la pena de muerte por causas políticas y las torturas. Paradójicamente en la cárcel existían 96 celdas que se utilizaban para el “ablande” buscando que los prisioneros renegaran de su condición política.
Además la actividad deportiva se encontraba limitada, ya que supuestamente debían concurrir al gimnasio una vez por semana lo cual nunca se cumplía, sumado al poco espacio para la recreación y a que la única actividad que realizaban era una caminata en círculos, utilizada por los guardias como conteo de internos.
Otra irregularidad que se presentaba, era que los presos políticos dependían directamente del Poder Ejecutivo Nacional obviando así lo que sostenía el artículo nº 23, donde se manifiesta que en caso de conmoción interior o de ataque exterior se declararía en estado de sitio la Provincia o territorio en donde existiera la perturbación del orden y quedarían suspendidas allí las garantías constitucionales. Pero a pesar de la suspensión, el Presidente de la República no podría condenar por sí ni aplicar penas y tendría el poder de arrestar o trasladar personas salvo que éstas prefiriesen salir del territorio argentino.
El guardiacárcel Carlos S., cuenta que trabajó en la prisión entre 1979 y 1986 en el área de seguridad interna y externa. Recuerda que la cárcel funcionaba desde el primer piso hasta el séptimo como alojamiento para los presos comunes y del octavo al decimoséptimo como lugar para los presos políticos que en aquel entonces se denominaban D.T. que significaba detenido terrorista a quienes se obligaba a usar uniforme azul para distinguirlos del resto aunque nunca tenían contacto.
También advierte que el trato hacia los presos políticos no era el mismo que hacia los otros ya que las celdas para los políticos eran más chicas que la de los comunes, no podían leer el diario, los recreos eran más cortos y las visitas eran a través de vidrios denominados locutorios. Otra diferencia existente es que cuando los “D.T.” eran trasladados se desconocía su destino.
En conclusión las declaraciones brindadas por los ex convictos demuestran la falsedad en el discurso inaugural del Ministro de Justicia Rodríguez Varela, quien quiso presentar la cárcel como algo novedoso, de confort y dentro de lo parámetros de la ley mintiéndole a toda una sociedad.


El palo de abollar ideologías


Los presos políticos en la cárcel de Caseros sufrieron un aislamiento casi total de todo su entorno. Esto era parte de un plan pensado especialmente para destruir su ideología y su “ser psicológico”. La cárcel se transformaba en una especie de “centro de lavado de cerebros”, donde el objetivo principal era neutralizar y abolir toda la carga ideológica que contenía el pensamiento de los presos políticos. Para lograr este cometido se recurrían a todo tipo de humillaciones.
Thomas Wenzel, experto en desórdenes psicológicos en sobrevivientes de tortura y en trastornos por estrés postraumático, se refirió a cuatro factores que pueden predecir el desarrollo de secuelas en las víctimas:
1- La exposición a violencia física extrema en la cual se ve amenazada la vida
2- La exposición a períodos largos de traumas físicos
3- La pérdida de reglas y de trato social
4- La pérdida de la dignidad y la transferencia de culpabilidad a las víctimas
Algunos de los desórdenes provocados en personas que sufrieron este tipo de maltratos pueden ser: la inhabilidad de funcionar dentro de una familia, dificultades para concentrarse y dormir, destrucción completa de las funciones biológicas del cerebro y del cuerpo. Estos trastornos pueden ser de por vida si la persona no recibe un adecuado tratamiento.
El especialista también aclaró que el retiro de estímulos, como puede ser la falta de luz, prohibición de ejercicio, música y lectura tiene “efectos psicológicos y biológicos” que pueden modificar sustancialmente la calidad de vida de los sujetos. La falta de luz por un largo período de tiempo causa depresión debido a que provoca un daño considerable sobre ciertas glándulas del cerebro y ocasiona también problemas hormonales, este tipo de condiciones pueden afectar un área y producir psicosis crónica entre otras.
María, familiar de un ex convicto de Caseros, cuenta que su cuñado, quien militaba en la Juventud Peronista, pasó por diferentes penales desde 1977 hasta 1982, año en el que quedó en libertad. Tras su salida se vió incapaz de formar una familia y además le diagnosticaron esquizofrenia con desdoblamiento de yo, que es una enfermedad en la que el sujeto sufre la propia escisión. Es a la vez dos “yos” que coexisten sin conexión entre ellos”. Además, actualmente se encuentra medicado por pérdida de memoria. Este caso demuestra la veracidad de lo que sostiene Thomas Wenzel.
Otro trastorno muy común que relatan los ex presos políticos es que cuando se ponen nerviosos caminan de un lado a otro de la casa así como alguna vez lo hicieron dentro de su reducida celda. Este comportamiento le ocurre a la mayoría de las personas que alguna vez pasaron por algún penal.
A modo de comparación con Caseros, las autoridades turcas tomaron el sistema de aislamiento carcelario, justificando esta medida a través de una serie de argumentos de orden político, judicial, sanitario y de seguridad. Pero en realidad, dicha acción se lleva a cabo contra los presos políticos.
Conviene ante todo destacar el aspecto puramente concreto de estas prisiones. El prisionero político es puesto en una celda individual de 2 metros por 3, a la que accede por una puerta acorazada. Los cuatro muros están pintados uniformemente de un blanco monótono a veces con la añadidura de una minúscula ventana, en lo alto. Todo está pensado para que el preso no tenga que salir a los servicios higiénicos. No a los libros, no a la música. La supresión o la limitación de las visitas y la imposibilidad de hablar con otros presos entablan una poderosa relación celda-sepulcro.
Someter a un ser humano a una detención de este orden es también someterlo a una forma perversa de tortura llamada tortura blanca o muerte blanca.
Este tipo de prisión reduce la realidad externa del individuo a un punto mínimo. La privación de libertad arrastra cambios de personalidad que se manifiestan en una disminución de las facultades sensoriales.
Algunos trastornos provocados por aislamiento riguroso pueden ser:


· Agitaciones psicosomáticas, en particular del sistema neurovegetativo, que controla las reacciones del cuerpo a su entorno natural.
· Agitaciones de las facultades intelectuales (dificultad de concentración) de articulación, hasta llegar a síntomas alucinatorios.
· Agitaciones emocionales que se desarrollan generalmente hacia reacciones depresivas y, en estadios extremos, hacia tendencias suicidas.
En conclusión podemos decir que el aislamiento mata. A esta agresión de ausencia, todo el cuerpo responde con la irregularidad de todas sus funciones. Por esta razón es que “se abollan” las ideologías, porque se elimina la capacidad mental del individuo.


“En el nombre de Dios…”


Se supone que una de las funciones de la Iglesia siempre fue la de proteger a los pobres, perseguidos, reprimidos, desamparados. Pero esta tarea, no fue cumplida por cierta parte de la comunidad eclesiástica durante la última dictadura militar en la Argentina. A pesar de este incumplimiento, como surge del testimonio de Alberto Piccinini, no se puede hablar de la Iglesia en general debido a que algunos presos políticos pertenecían a ella. Lo cual significa que había una parte opresora y otra oprimida.
Este doble papel de la iglesia, según relata Valentín Mastrangello, provocó en cada uno de los detenidos una discusión en su interior respecto de si valía la pena concurrir a un lugar donde oficiaba misa gente que colaboraba con la represión. Más allá de esta dicotomía, la celebración cristiana era un momento de unión, en el cual tampoco se escapaba del estricto control carcelario.
Aunque no se puede generalizar sobre el mal accionar de la institución que representa a Dios, su papel en las dictaduras es cuestionable ya que siempre estuvieron del lado del poder, justificando y confortando a genocidas embanderados como "defensores de la fe católica", mientras los familiares de los desaparecidos, fusilados, presos políticos, torturados, arrojados al mar, esperaban infructuosamente durante días y noches ser recibidos para poder entregar una carta.


Caseros: un campo de concentración legal


Los “campos de concentración” eran lugares donde se derivaba, bajo condiciones duras y sin respeto a las normas legales sobre el arresto o la encarcelación, a los judíos, homosexuales, negros y a todos aquellos que no pertenecían a la raza “aria” y fueron creados por las autoridades alemanas para mantener las masas de personas arrestadas como presuntos adversarios políticos del gobierno.
Teniendo en cuenta esto, se puede trazar una analogía con la ex cárcel de Caseros, en el sentido de que allí, los detenidos, eran considerados peligrosos para el nuevo sistema impuesto por la dictadura militar por el hecho de tener pensamientos opuestos. A su vez, en el documental, Hugo Soriani define a la prisión como un “campo de concentración legal” y Villanueva expresa que son “lugares de dolor concentrado.”
Las semejanzas entre Caseros y los campos de concentración son, por ejemplo, que a los detenidos les rapaban la cabeza y se les obligaba a vestirse con un uniforme. Además, la comida que les proporcionaban era de bajo valor nutricional y de poco sabor. Pero la coincidencia más destacada es la de los suicidios ocurridos en ambas prisiones. En el caso de los campos de concentración, los presos, se arrojaban sobre las cercas electrificadas debido a que tenían asumido que su destino era el de permanecer allí esperando su muerte. Por otro lado, en Caseros, como surge del documental, se pueden mencionar tres suicidios: el de Jorge Toledo, Eduardo Schiavoni y Hernán Bisset. El primero de ellos, según sus compañeros, fue inducido por los guardiacarceles, al hacerlo entrar en un aislamiento total y en una depresión continua.
Según el estudio realizado por Durkheim sobre el suicidio, los anteriormente citados entrarían dentro de la categoría del “suicidio melancólico”, donde el individuo deja de apreciar los vínculos que lo unen con la vida y prepara la ejecución con gran detenimiento.
Todo esto, sumado a los mencionados trastornos provocados por las cárceles y el aislamiento, demuestran que las prisiones y los centros de detención no cumplen su fin de resocializacion de los detenidos debido a que lo único que generan es la pérdida de la cordura de los reclusos, las cuales dejan daños casi irreversibles hasta llevarlos al suicidio.


En resumen, el edificio de la Unidad Nº 1 fue totalmente insalubre a tal punto que podría compararse con un campo de concentración. Provocó en quienes por allí pasaron diferentes traumas y hasta logró que jóvenes de entre 22 y 25 años decidieran terminar con su vida. Fue en contra de todo lo que dictaba la Constitución antes de su reforma y también de los mandatos divinos. Fue el monumento de las irregularidades carcelarias, hija de un gobierno inhumano e ilegal desde su propio nacimiento que fue la toma forzada del poder.
Igualmente cabe preguntarse si hoy en día, en democracia, la situación de las cárceles es la que debería ser, si realmente se respetan los derechos de aquellos que a pesar de haber cometido errores y de estar privados de su libertad siguen siendo seres humanos.


Tras siete años de encierro, volveré a disfrutar de todo aquello que anhelé. Disfrutar es un decir, porque son imborrables los recuerdos oscuros que me llevo. Veo luz. Lastima mis ojos pero sigo caminando sin mirar atrás, porque sé que adentro queda parte de mi vida. El viento vuelve a soplar pero la marcha militar sigue redoblando en mi cabeza y los pasos de los guardias golpean en mi mente así como algún día castigaron mi cuerpo.


Fuentes


- Documental “Caseros en la cárcel”
- Carlos S., guardiacárcel entre 1979 y 1986
- María, familiar de un ex convicto.
- Historia Universal, Edit. Sol 90, Barcelona (España), 2004


Autores


Duarte Damián


Gómez Analía


Monsalvo Alexia


Spagnoli Alejandro

Comentarios

SoLciTo* ha dicho que…
waaau que buen trabajo!
Carolina Haus ha dicho que…
Buen trabajo! :D
Tatiana ha dicho que…
Me gusto (Y)
AGUSTIN ha dicho que…
Excelente trabajo, profundo y serio.
Cuando trabajé en una defensoría oficial me tocó visitar Caseros y era muy impresionante ver que si afuera hacía frío, adentro era una heladera, y si hacía calor, un horno.
La prisión en "propiedad horizontal" no se a quién se le pudo ocurrir: en las últimas épocas la guardia había perdido el control de unos cuantos pisos!!
Otra vez: buen laburo!!!!
bey0ndinvisible ha dicho que…
se mataron escribiendo :O