Hipercomunicados

Por Alejandro Spagnoli

Todos tenemos uno. Hace años, sólo lo llevaban los hombres de negocios, los grandes empresarios, gente muy requerida. Luego de una insistente campaña publicitaria lavacerebros, los celulares nos han invadido casi en su totalidad. Algunos por real necesidad, otros por hábito, otros por las ganas de tenerlo, otros para que no lo miren raro cuando le preguntan su número de cel, lo cierto es que la mayor cantidad de personas jóvenes y adultas tienen uno de estos aparatos que al principio eran para hablar por teléfono y dentro de algunos años seguramente podrán preparar una cena.

Pero el negocio de la telefonía nos tenía reservados algunos espectáculos exclusivos de los tiempos que corren. Hoy en día, es totalmente normal subir al colectivo y escuchar una horda de personas que -literalmente- grita sola. En realidad, no están solos. Están con su celular y con el cómplice del otro lado de la línea, que probablemente esté gritando en algún otro lugar. Pero eso no es todo, las personas que van contemplando el paisaje o simplemente deseando que el viaje termine se enterarán de toda la vida sentimental del sujeto en cuestión. También, y por el mismo precio, se incluirán los chusmeríos del día sobre algún "amigo" que no cae del todo bien.

Párrafo aparte merecen los ringtones, todo el mundo tiene uno que es sumamente ridículo. No importa cuál sea. Es tan patético escuchar a Homero Simpson con sus frases como escuchar la introducción de un tema de la Mona Giménez o de Los Redondos de Ricota. Lo ridículo no es el ringtone en sí, sino mas bien la reacción y el sobresalto que provoca en el propio propietario del celular que se apura por apagarlo, probablemente victima de la vergüenza que le ha calado hasta los huesos.

Tampoco es raro ver personas que se abstraen con sus teléfonos de tal forma que terminan aislándose. Por ejemplo, una chica con un grupo de amigos se sumerge en las profundidades de la pantalla durante largos minutos, ignorando todo lo que ocurre a su alrededor. O ver a dos personas sentadas en la mesa de un bar, cada una hablando con personas diferentes del otro lado de la línea, luego mandando mensajes de texto y luego dándose cuenta de que hablaron muchísimo pero nada con el que tenían en frente.

A pesar de todas las comodidades que brindan estos artefactos, es necesario actuar con cautela. La realidad es que tenía una conclusión excelente para este texto, pero tengo que dejarlo porque me está sonando el celular, disculpen...

Comentarios

Hugo ha dicho que…
Tengo celular, si. Pero lo uso básicamente como despertador y de vez en cuando para escuchar música.

Hay veces en que en toda la semana si lo miro, ni siquiera lo llevo al laburo y por ser tan colgado más de una vez me he comido una buena puteada, en el teléfono de casa obvio.

Mi ringtone no me avergüenza, por suerte.
Carolina ha dicho que…
Ayyy ale, que cierto es todo lo que expones, pero hay uno de los casos con el que estoy mas de acuerdo: ya no hay viaje en colectivo en que no tenga que escuchar vida, obra y milagros de alguien, cuentan tooodos los detalles de su vida a viva voz y sin ponerse colorados! suben como gente aparentemente normal y no paran de hablar nunca mas! Me dejan la cabeza asi.

perdon, yo tambien te dejo: me suena el telefono.
Mr. Popo ha dicho que…
A mi celular lo uso más un reproductor de mp3 que de otra cosa
Lucy in the sky. ha dicho que…
Buen final xD.
Gary Rivera ha dicho que…
jajajaja si el celular te abre muchas puertas y te cierra otras!

Interesante post como siempre!! y el final buenazo!!
patricia ha dicho que…
Ale, como siempre tu observación es muy afinada; se supone que estos aparatitos sirven para 'estar más cerca', sin embargo, cada vez estamos más y más lejos, en nuestra burbuja.
además, el mío tiene la virtud de sonar siempre cuando no puedo atender y jamás cuando estoy mirándolo fijamente, esperando que suene, jaja!!
besos.
Damian Marsicano ha dicho que…
Párrafo aparte merecen los que escuchan su música en espacios públicos o en medios de transporte prescindiendo de los auriculares.
Lo peor de todo es que si uno le manifiesta su descontento al estupido y egoista oyente este se ofende, se molesta o te fractura el maxilar de un trompazo.
Una costumbre horripilante e irrespetuosamente argentina.
Roger Rivero ha dicho que…
Yo los odio. No tengo ninguno, han desplazado los telefonos publicos, solo tendria uno para casos de emergencia pues no me gusta estar localizable, so, esperare que tenga una emergencia a ver si de verdad son impresindibles, sin embargo respeto que cada cual gaste su dinero en lo que desee gastarlo....
Jesus Estevez ha dicho que…
no tengo ninguno, asi que una adiccion menos.
Mrs. R ha dicho que…
Perfecta reflexión. Yo también tengo, claro está, pero puedo decir que no le hago casi nada de caso jaja.
Un beso!
1600 Producciones ha dicho que…
Comparto totalmente, es enfermante lo que se genera. En mi colegio hay tres que tienen el mismo sonido, y cada vez que suena uno las tres corren a atender... es raro.
Tengo uno hace 4 años, pero lo tengo mudo, a mi también me estorban los ringtones.

Saludos
Mario ha dicho que…
Verdades como puños... Sobretodo lo de los politonos...
A mi personalmente no me da vergüenza el mío pero, por otro lado, no me gusta que suene para que todos me miren...

Saludos y recuerda que la publicidad trabaja para crear necesidades inexistentes que acaban o debieran acabar en necesidades necesarias...
Mario ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JUAN JES ha dicho que…
De acuerdo, el 90% de lo dicho por celular podríamos ahorrarlo, hay tan poco que decir y tan poca gente a la que puede decírselo.