Crítica teatral: Las Islas

En su azul se tiñe el mar

Por Alejandro Spagnoli
(Publicada originalmente en Show On Line)


Casi en el fin del mundo, bien al sur, en dos pedacitos de tierra perdidos en la inmensidad del Atlántico, la ventisca embiste todo lo que se cruza en su camino: los arboles, las casas y la cara de un kelper son fuertemente golpeadas por la corriente de aire. Se trata de la misma ventisca que sigue soplando con violencia en la mente de cada ex –combatiente de la guerra de Malvinas; ese viento que sólo dejará de soplar y retumbar cuando las islas vuelvan a formar parte de Argentina, porque las Malvinas son argentinas… y como dice el presentador de la obra: “El que no ama las Malvinas, no es argentino.”

Pero las islas son más que un territorio perdido en un conflicto armado. Son un motivo, una circunstancia, una garantía de prosperidad, una tierra prometida, una historia redentora… una herida abierta. Dos manchas de sangre tatuadas para siempre en el inconsciente colectivo de la argentinidad.

Estrenada el 28 de abril en el Teatro Presidente Alvear, “Las Islas” con dirección de Alejandro Tantanian es la adaptación de la novela homónima de Carlos Gamerro. El desborde, la complejidad y la tragicomedia son algunas de las cualidades que más abundan en el espectáculo que sitúa la historia en junio de 1992 en Buenos Aires.

Tamerlán es un empresario déspota que se encuentra obsesionado con su hijo desaparecido durante el combate de Malvinas y encarga al hacker Felipe Félix encontrar a la persona que le envía los anónimos sobre el paradero de su hijo Fausto. Félix también combatió en la guerra y compartió momentos de batalla con Fausto, pero una herida en su cabeza bloquea sus recuerdos y los vuelve inaccesibles.

La dramaturgia tiene una carga simbólica intensa. La energía del sexo es algo casi omnipresente durante toda la obra y su presencia refiere a lo más instintivo de los personajes. La violencia y la frustración canalizada por el impulso sexual (a veces incestuoso) y la manifestación del poder casi rozando a la locura.

El guión se encarga de transmitir la idea de que el sueño de “recuperar Malvinas” funciona de cortina de humo. Como un perro persiguiendo su cola, más se persigue y más se aleja. Ver un futuro glorioso impide ver un pasado con un paisaje de ruinas y masacre. Impide pensar los motivos oscuros de una guerra absurda que funcionó como un manotazo de ahogado nacionalista para darle un empujón a una dictadura que tenía los días contados. Impide pensar en la tiranía y el maltrato a los propios soldados condenados a una derrota aplastante.

La musicalización, a cargo de un quinteto dirigido por Diego Penelas, logra dar los toques exactos de tensión, suspenso y sorpresa a las actuaciones que pueden variar de lo dramático a lo cómico en cuestión de segundos. El juego de luces es excelente y es otro pilar fundamental del espectáculo que se vale de muchos recursos para recrear el medio hostil en momentos de guerra: la guerra con los ingleses y la “otra” guerra.

La dictadura, Malvinas, los nazis, el menemismo, los noventa: todo se mezcla y se enreda en una trama intensa que representa la demagogia y los clichés peligrosos. El anhelo de revancha, de recuperar lo perdido, de volver a ser, de volver. Mientras en las islas, la ventisca sigue soplando.

Comentarios

Carolina ha dicho que…
Ale, que buena critica! parece ser una obra de lo mas compleja.
"Las Malvinas son Argentinas"
Besos, nene.
luther blues ha dicho que…
Muy buena reseña Ale de la obra Abordando un tema tan nacionalista como el de Malvinas acompañado de una trama particular debe ser bastante interesante
Un abrazo y buen fin de semana
Diosesargentino JULIANO ha dicho que…
las malvinas son argentinas!!!
muy buena crítica.
Puta al pedo ha dicho que…
Me encanta cuando haces criticas sobre obras teatrales y o musicales. Se nota el "profesionalismo" (está mal dicho, no?) que le pones a lo tuyo. besos