La filosofía de House y la vida cotidiana


Después de algún tiempo de descanso vuelvo a escribir. La pausa tuvo que ver con muchas cosas, últimamente enfoqué mi vida en otros factores como ser el crecimiento personal. Comencé por permanecer más tiempo dentro de mi mismo para conocerme mejor. Fue tiempo de absorber más que de generar. El periodo introspectivo fue una suerte de relajación… una desconexión que, lejos de desactivar las ideas, hizo que se reformulen y vayan tomando forma.

Decidí que no iba a escribir hasta que no vinieran las palabras por sí mismas, quería poder decir lo que quisiera sin esfuerzo y finalmente el momento en que las ideas fluyan llegó.

Al momento de afrontar la rutina diaria hay cosas que ya se hacen familiares, son cosas que pasan, factores a los que nos vamos acostumbrando de a poco. Cosas que cansan, erosionan, estresan… Por algo somos uno de los países mas psicoanalizados del mundo, somos terriblemente ciclotímicos y todo eso se convierte en un círculo vicioso que nunca acaba.

Todos los días hay que salir a la calle para cumplir con las responsabilidades y puedo decir con seguridad que cumplir con eso no es algo que me agote. Es lo más normal del mundo. Lo que me desgasta tremendamente es lidiar con las actitudes de otras personas. Puede parecer que exagero, pero son pequeñas cosas que se van sumando y terminan por enloquecer a cualquiera.

La frase “mal pero acostumbrado” se la escuché a más de uno. Mi respuesta a eso es que “es una pena que nos acostumbremos a vivir mal”. Y de verdad que da lástima. También pude comprobar en este último tiempo que la frase más acertada de Sartre es la que afirma que “el infierno son los otros”.

Muchos se preguntarán qué tiene que ver el Dr. House con todo esto. Muy sencillo. Cuando empiezan a sumarse las molestias es realmente difícil no adoptar la filosofía del gruñón médico protagonista de la serie.

Si empezamos a contar desde la mañana podemos decir que nos desayunamos con el tránsito frenético de la gran ciudad. Esa suerte de lucha darwinista en la que el vehículo más grande aplasta al más pequeño para decidir cual llega al próximo semáforo más rápidamente.

Los que viajan en transporte público tienen mucho más que aguantar: las demoras de los trenes y colectivos, viajar como ganado –sin mencionar olores que pululan en épocas veraniegas–, lidiar con el mal humor de los choferes que paran donde quieren y cuando quieren.

En este punto el “House” que todos tenemos adentro comienza a despertar, las caras se van alargando, los ceños se van frunciendo y el mal humor se apodera del aire. Es algo inevitable frente a semejante panorama. Pero todavía falta camino por recorrer.

La mañana se pone especialmente densa en el momento que algún pasajero pone la música de su celular en el altavoz para que todos tengan la grata sorpresa de tener que sentir la melodía. Los sujetos más precavidos sacan enseguida los auriculares para escuchar la música propia, que en ese punto ya funciona como opio… o como placebo, da igual.

Aunque parezca imposible que en el mismo transporte pase todo, nunca falta el viajante que empieza a hablar por teléfono como si estuviera en el living de su casa. A los gritos y de temas casi siempre escatológicos, cómo ser el examen fecal de algún familiar y otras delicias que mejor no plasmar en estas líneas.

Me permito nombrar un ejemplo simplemente para poder gráficar la forma de actuar de las masas: hace pocos días el gobierno anunció que si no viajás con la tarjeta SUBE a partir del 10 de febrero, los transportes van a salir más caros y a causa de esto muchísimas personas salieron corriendo a buscarla. Las quejas por las demoras y las extensas colas no tardaron en llegar. Un House cualquiera puede pensar lo siguiente: “Hace casi 2 años que están haciendo la tarjeta SUBE. ¿Justo se la van a hacer cuando avisan que es casi obligatorio tenerla? Hagan la cola y jodansé por dejar todo para el último”. Lo cierto es que la mayoría de la gente se pone furiosa sin pensar que tuvo los puestos que hacen la tarjeta vacios durante muchísimo tiempo y nunca los aprovechó.

Pero volvamos al colectivo, porque hay más por decir. Podés estar esperando para bajar y que las personas de atrás te pregunten más de dos veces si bajás en la próxima parada. Esto pasa y pasa mucho. No sirve tocar el timbre y que todo el bondi lo escuche, te van a preguntar igual. Ahí es cuando uno se pregunta: ¿Seré yo o la gente está rara?

La verdad es que ya no sé la respuesta. Lo único que sé es que viajar en subte en hora pico es el equivalente a estar en la jungla rodeado de animales hambrientos, sé que si querés bajar en la estación de once o constitución va a ser mejor que te apures, porque los de atrás te van a pisar hasta que te quedes sin zapatos si no movés el culo, sé que en esos momentos te agarran ganas de darte vuelta y hacer justicia por mano propia, sé que en esos momentos pensás igual que yo… porque es una pena que nos acostumbremos a vivir mal.

Lo peor es que ese mal humor se va contagiando y se nota en todo. Va avanzando muy despacio, pero sin dudas es la nueva epidemia del siglo XXI. Es por eso que la gente cada vez usa más auriculares, más internet, más pantallas, más notebooks, más netbooks, más tablets… lo que sea con tal de distraerse de todo lo que nos rodea.

Sin darnos cuenta nuestra forma de ser va cambiando y el malestar se va haciendo carne. Nos vamos poniendo más punzantes, más irónicos, más ofuscados, en conclusión: más infelices. Lo cierto es que viviendo así ni internet, ni los psicólogos, ni las pastillas pueden hacer mucho. Viviendo así, sólo un cataclismo nos salva.

Comentarios

Carolina ha dicho que…
"El sindrome House".
Tenes razon en todo, la falta de pudor y educacion me alarman ultimamente. El infierno son los otros y a veces pareciera que no nos queda otro camino mas que embrutecernos.
Saludos.
Hugo ha dicho que…
Cuando leeo estas cosas agradezco vivir en una ciudad pequeña.

Abrazo.
Amira ha dicho que…
Decir que la entrada es excelente es quedarse corta.
Cada día que pasa es vivir y pensar todo lo que escribiste. Si hay cosas alarmantes en en el modo de vida frenético que se lleva en esta ciudad, un par de ellas claramente son el nivel de histeria, mala educación y falta de respeto que tiene la gente para con cualquiera que se les cruce. Ni hablemos de que además, la myoría piensa primordialmente en sí mismo y con tal de conseguir algo que les interese o favorezca no les importa si están perjudicando a otro/s.